Empezaron brindando juntos y acabaron en lados opuestos de la mesa. Lo que no siempre saben es en qué juzgado les toca sentarse.
Pocas películas explican mejor un conflicto entre socios que La red social. David Fincher cuenta cómo Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin pasan de fundar Facebook en un dormitorio de Harvard a sentarse en lados opuestos de una mesa de abogados. Empezó con un brindis y terminó con un pleito. Pero hay un detalle que casi nadie recuerda: toda esa guerra se libra en un pleito civil. Nadie acaba en un juzgado de guardia.
En España, cuando una empresa entre socios quiebra, el guion suele ir por otro lado. Es humano: si se ha perdido todo, alguien tiene la culpa. Y el camino más rápido parece el penal. Así que llega la querella contra el socio que gestionaba la empresa, por administración desleal.
El delito que sí existe
El delito existe y es serio: lo comete quien administra el dinero de otros, se salta los límites de lo que puede hacer con él y le causa un perjuicio. No es lo mismo que quedarse con el dinero, que es otro delito distinto.
Mal socio no es delincuente
Pero entre una mala gestión y un delito hay la misma distancia que entre un mal socio y un delincuente. Un negocio que sale mal, una inversión que no rinde o una decisión discutible no son delito. La ley protege incluso el margen del empresario para equivocarse, siempre que decida de buena fe, sin interés personal y bien informado.
Por eso muchas querellas de socios se quedan en nada. Mezclan el desacuerdo, la frustración y la sospecha, pero no concretan qué se hizo mal ni qué daño se causó. El juez no encuentra el delito, archiva la causa y lo único que queda es el ruido.
El escenario correcto
Fincher eligió bien el escenario. Los conflictos entre socios tienen sus propios cauces: las acciones de responsabilidad contra los administradores y, si hay concurso, el examen del juez mercantil sobre si la quiebra fue culpable. Usar la vía penal como atajo alarga el conflicto, desgasta a todos y puede acabar costando caro a quien se querella sin fundamento.
Si le llega una querella así, defiéndase desde el primer día con la documentación de su gestión: actas, informes, contabilidad y el calendario de cada decisión. Y si está pensando en querellarse, pregúntese antes si tiene un delito o un desacuerdo. ¿Está seguro de que su película se rueda en el juzgado correcto?


